Nuevo transporte publico en chago-city…..una locura.
Estos primeros días de implementación del sistema ha sido un caos. La poca fluidez de los recorridos, sumado a la nula información de los usuarios, ya le paso la cuenta al transantiago. Un medio de trasporte ideado para descongestionar las calles de la capital y con esto hacer más como el viaje de los poderosos. Por ende nosotros, la clase obrera, debe pagar con humillación e incomodidad, el relajo de los automovilistas.
Es preciso también dirigir las críticas a los empresarios del transporte, que sin duda han visto en transantiago una mina de oro, el negocio del siglo. Reducen el recorrido de sus micros, por ende gastan menos bencina y reciben ganancias superiores a las que obtenían con el antiguo sistema.
Los transbordos son un problema latente. Las malas condiciones de los paraderos (esperen a que el invierno nos azote) sumado a las grandes distancias que se deben caminar para tomar la siguiente micro (vean como van a aumentar los asaltos) y el costo extra del pasaje, que ahora subvenciona el gobierno pero que en el futuro saldrá de nuestro bolsillo (no han visto el letrero que dice que si usted no paga el pasaje se producirán aumentos en el valor del boleto, un descaro).
Todo esto hace que lo usuarios estén en gran desacuerdo con esta revolución autobusera, descontento que como siempre quedara en nada. La gente se acostumbrará al sistema, se memorizará los recorridos y los números, y después de un tiempo no reclamarán mas (así es el chileno, quedado).
Lo cierto es que el transantiago trae consigo un ambicioso proyecto de modernización y culturización del transporte publico, que a la larga se convertirá en un eficiente sistema (esperemos que sea así) del cual todos estaremos orgullosos.
El acto de caminar para tomar un trasbordo, se convertirá en excelente ejercicio físico, que de seguro hará bajar los índices de obesidad en la población (no todo es tan malo). En fin lo que ahora no nos gusta, mañana lo asimiláremos.
Transantiago, impuesto de forma brusca y violenta, una clara señal de cómo nuestro país camina por el nuevo milenio (a medias, como buenos chilenos que somos)
